Un marino cruzó el Atlántico por 85 días en un velero para ver a su padre

Viernes, 10 de julio de 2020

Un argentino varado en Portugal en plena pandemia emprendió un viaje de 85 días para ver a su padre en un pequeño velero.

En medio de una cuarentena total que se vive en Argentina, donde todos los vuelos internacionales de pasajeros están cancelados como medida preventiva, el argentino Juan Manuel Ballestero comenzó su viaje a casa en la única manera posible.

El marinero de 47 años se subió a su pequeño velero varado en la pequeña isla de Porto Santo, Portugal, con el fin de escapar del confinamiento lejos de su familia, algo llamado para el como “el fin del mundo”. El motivo especial era ver a su padre que pronto cumpliría los 90 años.

“No me quería quedar como un cobarde en una isla donde no había casos. Quería hacer todo lo posible para volver a casa. Lo más importante para mí era estar con mi familia” declaró tras 85 días viajando por el Atlántico en su velero de 29 pies (menos de 9 metros) comiendo atún enlatado, fruta y arroz.

Sus amigos intentaron disuadirlo de embarcarse en la arriesgada jornada, e incluso las autoridades de Portugal le advirtieron que no se le permitiría poder ingresar si se encontrase con problemas y tuviera que regresar. Sin embargo el respondió: “Me compré mi ticket de ida y no había vuelta atrás”.

Sus familiares ya estaban acostumbrados al estilo de vida itinerante de Ballestero, por lo que sabían que no valía la pena disuadirlo.

El padre de Carlos dijo que “Fue muy dura la incertidumbre de 50 y tantos días sin poder saber dónde estaba. Pero no teníamos ninguna duda que esto iba a salir bien”.

Ballestero, a la izquierda, con su hermano y su padre, quien cumplió 90 años mientras su hijo estaba de viaje.
Juan Manuel Ballestero, a la izquierda, junto con su hermano y su padre

Ballestero dijo que el 12 de abril, las autoridades de Cabo Verde se habían negado a permitirle atracar en la isla para reabastecer su suministro de alimentos y combustible. Por lo que cambió su destino al oeste con menos combustible de lo que esperaba, estando a merced de los vientos.

En medio de varios días de viaje, estando solo en el océano abierto, entró en pánico cuando vio la luz de un barco que pensó que lo seguía y parecía acercarse cada vez más “Salí navegando lo más rápido posible. Pensé, si vienen muy cerca les disparo”.

La navegación forma parte de una tradición familiar de Ballestero. El navega desde los tres años, cuando su padre lo llevó a bordo de los barcos de pesca que capitaneó.

Al cumplir los 18 años, consiguió trabajo en un barco de pesca en la costa de la Patagonia, en el sur de Argentina, cuando uno de los pescadores más experimentados a bordo le dio un consejo que se convertiría en su estilo de vida.

“Andate a ver el mundo”, le dijo el pescador experimentado.

Y así lo hizo, navegando gran parte de su vida por Venezuela, Sri Lanka, Bali, Hawái, España, Alaska, Costa Rica y Brasil. Además ha etiquetado tortugas marinas y ballenas para las organizaciones de conservación.

En cuanto a su velero, este es un Ohlson 29 llamado Skúa, comprado en 2017.

“Nunca iba con miedo, pero si con mucha incertidumbre. Fue muy raro navegar en una pandemia con la humanidad tambaleando alrededor mío. Pensaba que capaz este era mi último viaje”.

Durante un día en el que había estado bebiendo mucho, se cruzó con un pájaro que resultó ser un skúa, por lo que pensó que era como si el pájaro le dijese “No aflojes, seguí que hay más”.

Cuando se acercaba a America, una ola sacudió su bote a unos 240 kilómetros de Vitória, Brasil, por lo que tuvo que hacer una parada imprevista, añadiendo otros diez días a un viaje que había previsto que durase 75 días.

Fue en esa parada, cuando se enteró que su hermano había contactado con reporteros en Argentina los cuales contaron su historia, lo que cautivó a muchas personas. Viendo esto, creo una cuenta en Instagram donde documento la etapa final del viaje.

Al llegar a su ciudad Mar del Plata, el 17 de junio, sintió una bienvenida de héroe. “Entrar por mi puerto, donde mi padre tenía su velero, donde él me enseño muchas cosas y donde aprendí a navegar y donde todo se originó, me dio el sabor de la misión cumplida” dijo.

Ballestero bautizó a su bote por un ave marina, el skúa, uno de los cuales lo visitó durante el viaje.

Un profesional médico le administró una prueba de covid-19 en el muelle, resultando esta negativa 72 horas después, por lo que pudo pisar su país.

Lamentablemente no pudo celebrar el cumpleaños de su padre en mayo, pero llegó a casa a tiempo para el Día del Padre.

“Lo que viví es un sueño. Pero tengo muchas ganas de seguir navegando ahora” señaló.

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